lunes, 12 de marzo de 2012

EL VIAJE A POVA : En busca de Mariana (I)

En la madrugada de ayer regresamos de la excursión llevada a cabo a la vecina república portuguesa en busca de emociones que contar acerca de los prodigios realizados por la niña Marianita dos Ramos Joáo, sin tener para nada en cuenta los grandes sacrificios, si sacrificio se llama, caminar en vehículo 144 kilómetros, dormir en el suelo sobre una triste saca y librarnos de las garras de los enemigos de Paiva Couceiro, si nos llegan a tomar por partidarios de este cabecilla monárquico.

Y realizamos el viaje saliendo de Zamora a las cinco de la tarde del sábado en cómoda y ligera galera, arrastrada por cuatro briosos corceles que elegantemente enjaezados y dirigidos con la singular maestría que ha dado al maestro simpar, al gran Ricardo Pintas (padre), merecida fama de mayoral sin competidor posible.

Decir que desde los primeros momentos de la partida, la alegría y el contento y una juerguecita modesta, reinaron entre los excursionistas lo juzgamos inútil.

El sabrosísimo Ricardo con sus inagotables chistes. J. Puyitas colaborando cual él sabe hacerlo, Un Cojo sin muleta, tomando nota de todos ellos mientras el artista fotógrafo, don Emilio Corti los enfocaba y Gerardo Inestal rociándolos frecuentemente con la aromática manzanilla, marca exclusiva del Bar del Águila Negra, todo ello decimos, contribuyó a que llegásemos a la popular posada de la graciosa Agustina, de Ricobayo, donde los expedicionarios hicimos diez minutos de parada refrescando nuestros jacarandosos cuerpos con unos boks de exquisita cerveza que aun cuando de marca desconocida procedía de las acreditadas bodegas del inmediato pueblo de Villalcampo.
En esta primera estación ya pudimos emborronar unas cuartillas para la colección que muy en breve publicaremos de las verdaderas proezas de Marianita.

-¡¡ Al coche!! ;¡¡ Al coche!! señores creyentes-dijo la bien timbrada voz del papá de los Pintas, y proseguimos el viaje.

La distancia que media entre Ricobayo y la Venta de Cerezal la recorrimos en menos tiempo del que necesita Pintas (padre) para convertir en cenizas un aromático charuto de los de siete y medio céntimos (españoles), y en la carretera tuvimos ocasión de saludar a innumerables romeros que en nueve carromatos venían de Pova, donde fueron a implorar de la gracia de la niña Mariana la concesión de recobrar la salud perdida.

Un cojo sin muleta resultaba el más útil en eso de las piernas de todos cuantos saludamos y de los que iban en otro carruaje.

De calvos no hablemos, y media docena de ellos mostraban su envidia al contemplar la espesa cabellera de J. Puyitas y por último (conste que no es exageración) la obesidad de Gerardo y Emilio Corti, comparada con los escuálidos cuerpos de otros excursionistas era de notar hasta por tres infelices ciegos de nacimiento que desde un pueblo de la provincia de Valladolid, llegaron al de la niña fronteriza para que esta les concediese la deseada vista.

Estamos en el apeadero de Cerezal de Aliste. Ricardo nos presenta a la mesonera y su bella hija Juanita, que prodigaron (a los señores periodistas) todo género de atenciones y fueron tan amables, que nos dieron una auténtica acreditativa de la prodigiosa curación de un fornido hijo de la casa y que por lo asombrosa será de las primeras que publiquemos.

Desde Cerezal a Fonfría, el tiempo y los caballos de la galera corrieron veloces y allí se incorporó a la comitiva, un mozalbete que presta servicio en la posada de Juan Domínguez, que es el encargado de conducir desde este pueblo a Pova, a todos los clientes.

Eso sí, previo el precio de dos realitos por persona y por enseñar el camino, y tres ó cuatro pesetejas (según caigan las pesas) por cada caballería menor.

Muy expresivo y hasta elocuente, el mocito, y a instancias de J. Puyitas, nos refirió cuantas curaciones conocía realizadas por la niña, si bien nos dio una noticia que, como es natural, hubo de entristecernos.

-Miren ustedes, sólo un temor nos tiene intranquilos: como incuestionablemente Mariana posee virtud curativa, habrá de ir al desierto a cumplir penitencia, y ello disgusta a su padre, el señor Manuel, como a mi amo.
-Sería una verdadera desgracia, le replica Gerardo Inestal.
-No lo sabe usted bien, dijo con acento convencido nuestro acompañante, del que nos despedimos afectuosamente no sin darle las más expresivas gracias por los hermosos datos que nos suministró y que serán joyas de inestimable valor para la futura colección de artículos.

El reloj de Fornillos de Aliste, daba diez campanadas cuando saludamos a la mesonera Marcelina, que no ocultó su alegría al ver honrada su casa con la presencia de los señores que hacemos los papeles.
Sin pérdida de tiempo, Marcelina nos preparó una suculenta cena con los ingredientes que llevábamos del Bar del Águila Negra.
Después de saborear el aromático caracolillo y apurar el consabido cigarrillo de veinte, nos retiramos a descansar, dos en los escaños de la cocina y los restantes en unas sacas de paja que nos proporcionó el rapaz del mesón.

A las cinco un maldito grillo que se albergaba en el fogón de la cocina tocó diana, y con sus estridentes chirridos nos hizo ahuecar el ala del cómodo y blando lecho.

El cuarto de aseo establecímoslo en unos poyos que había en la fachada del mesón y después de ingerir las sopas de ajo que nos hizo Marcelina, tomamos el coche, saliendo en busca del señor cura párroco de Moveros, don Juan Antonio Espina, que nos iba a servir de cicerone en tierra portuguesa.

Comenzaremos dando cuenta de nuestro paso por la frontera hasta encontrarnos con Mariana, cuya entrevista es curiosa y digna de ser leída.

Heraldo de Zamora, 25/06/1912

viernes, 9 de marzo de 2012

CAMINO DE POVA

Aprovechando que la festividad de San Juan este año se celebra en lunes, los redactores de El Heraldo de Zamora, J. Puyitas y Un Cojo sin muleta, acompañados del fotógrafo Emilio Corti y del propietario del Bar del Águila Negra, Gerardo Inestal, abordo de un coche conducido por Ricardo Gómez, Pintas (padre), inician desde el conocido Café París, la excursión que les llevará a conocer a Mariana Dos Ramos, la niña de Pova, que afirma haber sido testigo de la aparición de la virgen.

Pova, es una aldea, en las proximidades de Miranda de Douro. El viaje, que hoy en día duraría poco mas de una hora, a principios del siglo XX es todavía un viaje largo y difícil, que les obliga, dada la hora en que dicho viaje comienza, a pernoctar por el camino.

La despedida se realiza en olor de multitud, y en el propio diario se sienten orgullosos de ser los primeros periodistas en cubrir la noticia.

Es necesario señalar, que la situación política de Portugal es algo convulsa. Desde que en octubre de 1910 se proclamara la República, los monárquicos han realizado varios intentos restauracionistas. El último de ellos había sucedido precisamente en octubre de 1911 desde Galicia, sin éxito, y las fronteras estaba muy vigiladas ante la posibilidad de una nueva revuelta, que se produciría precisamente en la primera semana de julio de 1912. De ahí que de forma previsora, el redactor de la noticia afirme, y no es una exageración, que ha entregado a los expedicionarios dos pistolas y varias cajas de munición.



Camino de Pova.


Esta tarde, a las cuatro, han salido del café de París, en la calle de Viriato nuestros reporters para Pova.

Ocupando un magnífico coche de Ricardo, Pintas, (padre) arrastrado por briosos corceles van J. Puyitas y Un cojo sin muleta. En el vehículo tomaron asiento, nuestros amigos el fotógrafo señor Corti y el industrial de esta plaza señor Inestal.

Llevan los expedicionarios abundantes provisiones para el camino. Obsequiosos brindarán a la niña de Pova regalos y presentes que de fijo estimará Mariana.
Y al regreso, nuestros compañeros que tienen altísima conciencia de volver sanos darán cuenta desde el HERALDO, de cuanto pueda interesar a la opinión. Las plumas fáciles de J. Puyitas y de Un Cojo loarán crónicas de indiscutible valor desde todos los puntos de vista.

Hoy el orgullo que sentimos, no nos permite ser mas explícitos. Vamos a Pova convencidos de la transcendencia del viaje. HERALDO DE ZAMORA, es el primer periódico de la Península, que va a hacer una información de la filia de Manuel.

Nuestros reporters han tenido una despedida cordial y cariñosa.
Cuantas personas estrecharon sus manos hicieron votos por el fruto del viaje.

Cas¡ al mismo tiempo que nuestra excursión, de casa de Ricardo, el hijo de Pintas, ha salido otra caravana de pacientes. Irían diez y ocho enfermos.
Al arrancar el coche Un cojo sin muletas y J. Puyitas emocionados casi lloraban. Antes, el que estas líneas escribe previsoramente había entregado a los queridos amigos dos pistolas Browing y cuatro cajas de cápsulas por si al pasar la frontera la cordialidad que merecen no les acompaña. La excursión tiene sus peligros. Amigos de la paz, no creemos dar causa a una reclamación diplomática, sin embargo no dejan de ser eficaces todas las medidas.

Salud para los amigos que bajo el fuego del sol abrasador se deciden a cruzar la provincia en busca de alivio a la par que de emociones que participar al público.

J. Puyitas y Un Cojo sin muleta regresaran el martes. Hasta el martes, pues, que ellos os hablarán de la niña de Pova y de toda su respetable familia.
Y de la tierra y del agua ya participaremos a nuestros lectores lo que les interesa.

Heraldo de Zamora, 22/06/1912

jueves, 8 de marzo de 2012

¡¡A POVA!! ¡¡A POVA!!

Con una notable dosis de humor, el Heraldo de Zamora, prosigue con la promoción de la excursión que realizaran sus populares redactores, J. Puyitas y Un Cojo sin muleta, a tierras portuguesas.

Ambos compatibilizarán la misión como periodistas de informar de lo que allí acontezca con la de pacientes en busca de un milagro. J. Puyitas desea recuperar el cabello que a causa de la edad ha ido perdiendo. Por su parte Un Cojo sin muleta, viaja con la vana ilusión de reparar la deficiencia física que da nombre a su conocido seudónimo.


¡¡A POVA!! ¡¡A POVA!!


Cada día es mayor el entusiasmo que despierta en nuestros lectores el viaje que ha organizado el HERALDO a Pova con el fin de descubrir las magníficas y estupendas cualidades salutíferas de las aguas y las tierras de Pova, influenciadas por la ingenuidad candorosa de una niña que al despertar a la vida lo hace con una aureola de prístina blancura que da luz para los ojos de los ciegos, paliativo para el dolor de los que sufren, dulzura y alivio al quebranto de los tristes; en una palabra, Marianita, flor exótica en estos tiempos despiadados, aunque portuguesa de origen, bien mereció haber visto la luz primera en otra patria y bajo otro cielo. Porque los portugueses, nuestros vecinos los meninos, aunque estiman la gracia que les ha caído, no saben o no quieren rodearla del aparato que merece.

A Pova irá la excursión del HERALDO a hacer una información precisa y terminante de la grandeza de una virtud que merece las loas de todas las plumas.
Los tristes, los decaídos, los que padecen una enfermedad mental y los que tienen un defecto físico, no se curan porque no quieren.

Nuestro Cojo sin muleta y el sin par J. Puyitas oprimidos por el peso de algo que irregularmente les relaciona en la vida con sus semejantes. Calvo éste y cojo aquél, se deciden a presentarse en Pova, a atravesar nuestra provincia bajo un sol abrasador, viajeros en un coche magnífico de Pintas (padre) seguros de un regreso triunfal, aliviados de sus respectivas dolencias.
No hay pelo que se resista a la virtud curativa de una tierra arcillosa, que disuelta en el agua no deja sedimentos ni posos, y que tomada en ayunas dosificada con prudencia, hace volver el estómago más rebelde a su estado primitivo, regularizando los movimientos peristálticos y antiperistálticos al mismo tiempo que normaliza el corazón, esa víscera que proporciona de ordinario tantos sinsabores por obstrucción de la válvula mitral, que es lubrificada en todos los casos por esa tierra disuelta en el agua de Pova.

Nuestra pluma se resiste a describir los maravillosos y sorprendentes resultados del viaje a Pova. Después de todo, en plazo corto nuestros redactores serán palpable y fehaciente muestra viva de lo que vale la filia de Manuel. Sin embargo, para ir preparando los espíritus describiremos algunas escenas que tuvimos el gusto de presenciar en la Administración de coches de Ricardo, el hijo de Pintas.

Acababan de regresar enfermas de la última excursión ocho o diez personas tullidas que padecían juntamente con el dolor de la vida que en ellas hizo blanco, los ajetreos de un viaje duro y penoso.

Hablábamos con un hombre de cincuenta años de edad próximamente, vecino de Olmedo (Valladolid). Salió de su pueblo en busca de alivio para un padecimiento reumático que pertinazmente le retenía en casa desde Mayo último.
Presentaba grandes inflamaciones en las extremidades. Sus pies parecían los de un hombre de 15 metros de altura que hacían donosa pareja en aquel cuerpo pequeño únicamente con sus manos de gigante.

-¿Se encuentra usted mejor?-Le interrogamos.
-Verá usted. Mejor, mejor, por ahora, no. Pero es efecto del viaje, porque no puedo montar en caballería y he resistido 10 horas a horcajadas en un burro. Pero estoy seguro que desaparecerá mi dolencia porque cosas mayores se han visto. ¿Sabe usted lo del niño que no veía?
-No lo sé. ¿Me lo quiere usted contar?
-Pues verá. El niño es de un pueblo cercano al mío y desde su nacimiento era ciego. Hablaron a su madre de esa niña portuguesa y convencida trajo a la criatura que después de visitar a Marianita poco a poco empezó a ver. Primero veía sombras y después ya, pues nada. Ve como usted y como yo.
-Hombre, me deja usted helado. Yo no veo más que visiones... Eso es muy grande, -respondí.
-Cá. Ahí tiene usted a ese cochero que necesitaba el tratamiento de Erlich.

El cochero, ronco de voz, atajo a mi interlocutor y arrancando las palabras como de un pozo, aseveró la cita.

-Bien, nosotros, al ver que hostigaba a los caballos del tiro con palabras pronunciadas con dureza y trabajosamente, le dijimos que por qué no aprovechaba el viaje para visitar a Mariana. Y ¡oh portento! Ya había hecho la consulta, y merced a ella, poco a poco recobraba la voz, que antes tenía perdida por completo.
-Eso es verdad-dijo el criado.

Y nuestro hombre reumático quejumbroso se lamentó del dolor que padecía. El infeliz, buscando alivio que obtendrá de seguro, habíase bañado en agua fría que por lo visto no es terapéuticamente obrando, conforme con la ciencia bueno más que para despertar la dolencia; pero como la ciencia es una cosa y la virtud de Mariana otra, esta tarde hemos visto trasladarle en una silla a la estación del ferrocarril.

Un Cojo sin muleta y J. Puyitas, edificados por estas pruebas grandiosas de poder, por momentos anhelan el viaje a Pova, que una vez que hemos logrado allanar las dificultades que se nos presentaban, se verificará mañana a las cuatro de la tarde.

Con gran insistencia recibimos visitas y cartas de recomendación, pidiéndonos el señalado favor de acompañar a nuestros amigos.
Con pena, tenemos que desatender esas excitaciones. No hay sitio en el vehículo para trasladar más personas que las que desde un principio se inscribieron en las plazas del coche, que transportará dos toneles, para que a la vuelta contengan 15 cántaros de agua salutífera cada uno, así como también diez sacos de tierra que prometemos regalar a nuestros lectores dolientes.

Mañana anunciaremos el punto de salida de nuestros amigos, que serán despedidos por numerosas personas que se acercan a nuestra Redacción en demanda de noticias del viaje.

J. Puyitas y Un cojo sin muleta, de fijo que cerca de Mariana, hidalgamente cumplirán su cometido de información, armonizado con su carácter de pacientes.

Mañana sale para Pova la primera excursión periodística que ha visitado a Mariana. Esto es bastante para que patenticemos hoy nuestro orgullo.
Quiera la providencia que acompañe a nuestros redactores la fortuna y que allende los límites de nuestra Patria, subiendo a ver a Mariana, que no es manquita, ni coja, hallen la salud que perdieron, Dios sabe como, porqué y cuando.

El caso es que vuelvan... buenos.


Heraldo de Zamora, 21/06/1912

miércoles, 7 de marzo de 2012

EL VIAJE A POVA : Marianita y nuestros compañeros.

El anuncio de la organización de una expedición formada por los populares redactores de el Heraldo, J. Puyitas y Un Cojo sin muleta a la aldea de Pova, próxima a Miranda de Douro ha suscitado entre los lectores un enorme interés.

En Pova, Mariana Dos Ramos Joao, una niña de quince años afirma haber sido testigo de la aparición de la Virgen. La Virgen como prueba de su aparición ha revelado a la niña, que la tierra que se encuentra bajo sus pies, y el agua de un pozo cercano tienen poderes curativos para todos los males.

Como consecuencia de ello, numerosos enfermos de diferentes lugares de la provincia y de la región se dirigen diariamente a la aldea portuguesa en busca del milagro.

Completarán la expedición acompañando a los dos redactores, el fotógrafo Emilio Corti, Gerardo Inestal propietario del Bar del Águila Negra y Ricardo Gómez, Pintas (padre), empresario de coches, quien desde hace meses ofrece sus servicios a los viajeros desde Zamora a Pova.




EL VIAJE A POVA




Marianita y nuestros compañeros.

Con creciente interés fue acogida por el público nuestra información de ayer respecto al viaje que organizamos a tierras portuguesas, en cuya expedición figurarán Un Cojo sin muleta y J. Puyitas, que es casi fijo han de regresar desconocidos en absoluto después de la visita a Mariana, la sencilla y apacible niña de ojos azules y bellos, que es venero de ingresos saneados para nuestros vecinos los ex-súbditos del amigo de la Gaby Delys.

Constantemente somas interrogados respecto de nuestro próximo viaje a Pova, cuya fecha, aunque aún no tenemos designada, será muy en breve, toda vez que Un Cojo sin muleta y J. Puyitas desean a la par que hacer una información completa, antes que eso recobrar el anciano su cabellera y Un cojo, el marchar gallardo de sus días felices en que la apuesta figura movíase con ritmo armónico. Y así en Mariana, en la filia de Manuel, nuestros compañeros tienen puestas sus ilusiones y sus esperanzas.

A los redactores del HERALDO, acompañará en su viaje a Pova el conocido fotógrafo de esta capital señor Corti, quien hará varias pruebas fotográficas que luego expondremos al público. La Mariana, será retratada en el campo, al lado del manantial salutífero, teniendo a la vera también el cepo de los donativos.

Antes de ser presentados nuestros reporters a la niña, el señor Corti impresionará varias placas con el fin de que nuestros amigos guarden un recuerdo de su pasado, e inmediatamente Pintas, el padre, hará la presentación de Un cojo sin muleta y J. Puyitas a Mariana, para quien llevan los redactores del HERALDO amarguillos de Moncabal, confituras que son muy del agrado de la niña, que según versiones de las personas que la han visto, está acostumbrada solo a tomar tocino.

Son muchas las demandas que se nos hacen en solicitud de acompañar a nuestros amigos en su viaje. Agradecidos a tales atenciones, bien a pesar nuestro nos vemos obligados a declinar el honor de compañías que honran siempre, pues los redactores del HERALDO tienen ya cubiertas las plazas del coche que ocuparán.

Sin embargo, nuestros amigos, se brindan a cumplimentar en Pova todos cuantos encargos se les confíen, así como a portear gratuitamente tierra y agua salutífera, para lo cual es necesario sólo que las personas que deseen agua o tierra que envíen donde ya diremos en el HERALDO sacos y damajuanas.
Como los calores castigan a los viandantes previsoramente acompañará a la expedición del HERALDO el conocido industrial de esta plaza señor Inestal, que llevará provisiones de comer y beber.

Rogamos al público que cualquiera duda que tenga respecto a nuestro viaje nos la explane, pues solícitos la atenderemos sin más que conocerla, mediante carta dirigida al redactor del HERALDO, encargado de la excursión a Pova.

Y hasta mañana, que daremos nuevas noticias.

Heraldo de Zamora, 20/06/1912

martes, 6 de marzo de 2012

MARIANA Y EL HERALDO

Desde el mes de abril de 1912, el Heraldo de Zamora viene difundiendo a través de sus páginas noticias acerca de un fenómeno prodigioso que sucede en una aldea portuguesa, cercana a Miranda de Douro, en la frontera de Portugal con Zamora.

En Pova, una niña, Mariana Dos Ramos Joao, afirma que la Virgen se le ha aparecido en varias ocasiones. Numerosos peregrinos se dirigen a la aldea con el objeto de recuperar la salud perdida, pues la tierra donde la Virgen se apareció y el agua de un pozo cercano, obran milagros.

La curiosidad que dicho fenómeno despierta entre la gente, motiva que el Heraldo anuncie que enviará a sus dos populares reporteros, J. Puyitas y Un Cojo sin muleta, a la aldea portuguesa con el fin no sólo de relatar lo que allí acontece, sino de encontrar un milagro para sus vidas.

Seremos, a través de las crónicas, testigos de excepción de un tiempo pasado, donde minuciosamente nos relataran el viaje desde Zamora a la aldea portuguesa y del cuadro costumbrista que allí se encuentran en los albores del siglo XX.



MARIANA y el HERALDO


En vista de la sensación que en el público producen todos cuantos detalles se relacionan con la niña de Pova, en nuestro interés de dar a los lectores una información completa de cuanto a Mariana se refiera, estamos actualmente organizando una expedición de redactores que visiten a la filia de Manuel.

Para ello armonizamos el interés del periódico a la par que la conveniencia de los redactores. Y así, pues, saldrán de Zamora para Pova nuestros compañeros Un cojo sin muletas y J. Puyitas, que al mismo tiempo que nos describen las incidencias del viaje y la estancia en los dominios republicanos salutíferos merced a la gracia de la niña, aprovecharán la ocasión el primero para pedir a Mariana el santificante honor de regresar a estos lares sin el impedimento físico que justifica el pseudónimo; y J. Puyitas el anciano, la merced, fuera del alcance de los específicos de volver a peinar canas en su cabeza, que actualmente se encuentra alba y sin pelo.

Nuestros compañeros de fijo harán una información digna de la causa que les lleva a Pova. J. Puyitas echará pelo y en cuanto al Cojo sin muleta, bien podemos afirmar que en plazo corto ostentará su garbo sin esa marcha defectuosa que en la actualidad le caracteriza. Porque es lo que decimos ahora en el HERALDO ¡de menos nos hizo Dios!

Mariana otorgará a nuestros compañeros el señalado favor que van a pedirla, toda vez que él bien puede ser base de una propaganda eficaz que desde el HERALDO la hacemos; aunque casi, casi, no la necesita la filia de Manuel, según la cantidad de enfermos que todos los días trasladan a Pova los Pintas, padre e hijos, a quienes se puede decir que ha venido Dios a ver con estas cosas.

Ricardo Pintas, el padre, está obsequiosísimo con Marianita y continuamente se desvive por agasajarla, habiendo sido ayer portador de un encargo de rebojos y amarguillos que de la Suiza tenia pedidos la niña. Este conocido mayoral será quién presente a los redactores del HERALDO a Marianita, inocente portuguesa que da a las tierras y a las aguas virtudes portentosas como justifican cuantos vuelven de visitarla.

Ayer por ejemplo, entre los viajeros que regresaron de Pova tuvimos el gusto de hablar en la administración de Ricardo, el hijo de Pintas, con María Cruz Vivas, vecina de Olmedo (Valladolid), que trae unos pendientes de oro, sencillísimos, que por otros de mayor valor y que tenían un esmalte de la Purísima se los cambió la niña de Pova.

A pesar de valer más aquéllos, dice la Vivas -la Vivas no es la Mariana- me costó mucho trabajo conseguir que la niña me los cambiara. Rogada insistentemente y como la filia de Manuel no habla casi, se quitó estos pendientes y me pidió los míos. Yo entonces tuve una gran alegría, porque los pendientes éstos, yo estoy segura que valiendo menos que los míos, son una joya de valor inestimable por haberlos usado Marianita que me dijo después, en portugués:

-No quería cambiarlos, porque eso es cosa de gitanos, pero ya que te empeñas no te desairaré.

En fin, que cuantas personas vuelven de Pova no traen más que noticias de todas maneras transcendentales, que sirven para hacer llegar al espíritu de las gentes una historia sencilla que aumenta el número de visitantes con gran contentamiento de los Pintas, que no tienen coches con que servir las demandas, de la niña de Pova, de Marianita, que toda ingenuidad facilita a los enfermos panacea que alivie sus dolores, y por último con satisfacción nuestra que ello nos brinda ocasión de comunicar a los lectores noticias estupendas en medio de las diarias tareas sin atractivo.

Impuestos de la certeza del aforismo que viene en los anuncios de los chocolates: Probad y os convenceréis, en cuanto J. Puyitas y el Cojo sin muleta regresen de su viaje, al tanto de las virtudes sorprendentes de Mariana, daremos nuevas noticias a nuestros lectores.

Heraldo de Zamora, 19/06/1912

lunes, 5 de marzo de 2012

POR LA RUTA DE LA SANTA

Era una mañana brumosa, tibia, encalmada. Tuvimos que hundir los acicates en los ijares de las yeguas para salvar aquel repecho, salpicado de helechos y de jaras, en cuya cima se asentaba, semejante a una gaviota, el puesto fiscal que destacaba sus tonos de enjalbegado en el horizonte gris. El valle interfrontero lo recorrió veloz mi caballo gitano que parecía recordar aquellos tiempos en que, al servicio de contrabandistas, burlaba la vigilancia de carabineros y guardiñas, serpenteando rápido entre matorrales y carrascas. Bordeamos una montaña pizarrosa a cuya falda se tiende la umbrosa ribera con frescura de negrillos, rumores de agua y fuentes, olores de tomillo y de romero, y allá entre la tupida enramada de una naturaleza bravía, se dibujaron los tonos verdinegro de San Martinho.
(...)
El paisaje no cambia. Parduscos altozanos que destacan entre los helechos que verdean; inmensas praderas de verdor perenne; rebaños junto al aprisco; vacadas que pacen y jatos que retozan; blancos palomares que se posan entre la vegetación exuberante; pastores y zagales que sestean al abrigo de los árboles. Por el camino nos encontramos con grupos de peregrinos que vienen de ver la Santa. Unos son de los últimos límites de la Puebla de Sanabria, acompañan a una cieguita que guarda con fervor entre su manta sayaguesa el agua milagrosa. Vienen confiados en que la Señora la curará. «¡Hay tantos que han curado!». Otro grupo es de la provincia de Salamanca. Llevan un niño que entre sus manecitas aprieta una muleta.
La Santa le salvará. El viernes pasado fueren ellos mismos testigos de un milagro; la curación de un tullido. Me voy convenciendo de que la sugestión es contagiosa; mi alma ha sufrido una fuerte sacudida y por su puerta entreabierta ha querido colarse una duda supersticiosa.
(...)
Y allí esta Pova. Por sus casucas achaparradas, terrosas, de cubierta de pizarra, con excrecencias de musgo, han pasado la estupefacción y el pasmo. El cielo nimboso aumenta la pesadez del ambiente. La suerte nos depara un buen encuentro. Nos hospedamos en la casa de una íntima amiga de la Santa, en quien ésta depositó sus confidencias a cambio de los alientos y estímulos para proseguir su buena obra. Una tapia terrosa, agrietada, coronada de jaras secas y sarmientos rodea el corral que da acceso a la morada de la vidente. Saltando por el estiércol empapado, que chapotea al pisarlo, se suben unos peldaños de piedra berroqueña adosados a la pared; un sombrerete de madera carcomida, leñosa, guarece la tosca pasarela. Desde el umbral se ve toda la casa. Allá enfrente por una puerta entornada se ve la cocina que también se utiliza para vivienda. A la izquierda una amplia habitación con varias camas (jergones sobre tablas), y sirviéndole la pared frontera de retablo un altarcito, antiestético, con flores mustias de trapo, recargado de cromos de vírgenes y postales religiosas. En el centro un Niño-Dios coloreado de bermellón y vestido de percal. Es el altar donde la Santa ora. La habitación esta llena de gente que musita oraciones. Una atmósfera, no renovada, se masca. De techo ennegrecido penden algunos ex votos. Apoyada en el quicio de la puerta, en actitud de abandono, hay una muchacha a mi contigua.
-Esa es la Santa-me dice mi cicerone.
Fijo los ojos en ella; los suyos están clavados en el suelo.

-¿Tú eres Mariana?-la pregunto
-Si señor, Mariana Juan.-Me dice con su dulce acento lusitano y al contestar me mira con sus ojos limpios azulados, en expresión de candor.
-¿Cuantos años tienes?
-Quince.
-¿Cuando se te apareció la virgen?
-Varias veces, señor. La primera vez fue hace dos años, en el día de Pascua. Mis hermanas mayores (somos siete hermanos y yo la más pequeña) no quisieron que las acompañase de mañana a la función religiosa de las mozas. Me quedé contrariada en la cama; ahí en esa habitación. (Y me indicaba la de enfrente a la en que el altar está colocado). Estaba despierta y noté que la estancia se inundaba de resplandores, y en medio una señora que a mi se dirigía. Me asusté; pero entonces la Virgen, que ella era me dijo: «No temas, Mariana, que vengo a contentarte». Estuvimos hablando y al despedirse me recomendó que nada dijera; pero no pude callarlo. Mi hermanas cuando regresaron, algo debieron notar en mi y a sus pregunta las referí lo sucedido. Estaba yo otro día en los prados de Picao hilando apoyada en una roca mientras las vacas pacían y se adelantó hacia mí la sombra de la Virgen. Yo corriendo hacia ella la pregunté. «¿Queréis, señora algo de mí padre?» Y ella me contestó «No, hija, de ti quiero que seas mi sierva. Di a los pecadores que hagan penitencia».
-No me creerán, la repliqué. «Tú paladar gustará de tierra y ceniza para que viéndolo te crean»
-¿...?
-Si señor, la comí y tenía un rico sabor.
-Y el manantial milagroso, ¿dónde está?
-Está bastante lejos, en los prados de Picao. No pensaba ir esta tarde, pero iré. Suelo ir todos los días dos veces.
Mariana Juan es una muchacha simpática, de cara agradable. Su estatura es la ordinaria en las chicas de su edad Su complexión regular. Sus labios delgados se contraen a veces en una mueca de indiferencia. Generalmente miran al suelo; pero no en actitud de humildad ó recogimiento
Cuando ensillamos los caballos para ir al manantial nos avisan el paso de la Santa. Largas hileras de vecinos y forasteros, curiosos ó creyentes, se agolpan para verla. La escoltan caballerías con enfermos. Yo quiero observar y espoleo mi caballo. El día es de prueba de la fe. Comienza a llover torrencialmente. Nos detenemos para acorazarnos contra la lluvia. Proseguimos la ruta y en un recodo llegan a nosotros los ecos de una salmodia: es la Santa que con sus acompañantes se ha guarnecido bajo un gran zarzal del camino y entonan el Ave María mientras paraba el chubasco. Cesa la lluvia, y reanudamos la caminata. Junto a Mariana camina un mocete, rollizo, de su edad; primo de ella, de cara simpática que de vez en cuando desliza a su oído palabras quedas. Los dos se miran y ríen. Atravesado en el camino hay un largo culebrón que produce algarabía en el infantil grey. Mariana juguetea con sus amigas y sus risas candorosas se entremezcla con los chillidos de sus compañeras.
Llegamos a Picao. Un barbecho amarillento parece sembrado de bloques de piedra blanquecina que la fe de la Pova, arrastró hasta allí para erigir una capilla a la Virgen de la Santa. Rodeado de verja de hierro, semejante a una gran jaula de loro, está el sitio donde la Virgen posó sus plantas. La Yerba ruin del camino tornose lozana en el cuadro que la Virgen pisó, reservada hoy de las irreverencias del pasajero, es su tierra milagrosa, la que comparte la virtualidad salutífera con el agua sosa, algo pastosa, que crece en el pozo contiguo. Más allá, un tinglado de tablas guarece del viento la pila de los baños. Un matrimonio de cara tostada, y expresión indefinible, desnuda a su pequeñuelo enfermo de la piel. La tarde es fría. La pila se llena de agua y allí sumergen al enfermito que chapotea en el baño, mientras grita con acento entrecortado por la impresión. Milagro será si además de herpético, no sale tullido.
- ¿Y hay muchos milagros? pregunté a la confidente de Mariana.
-Sí, señor, ha habido muchos.
-¿La autoridad eclesiástica no ha intervenido?
-No diga usted nada; pero dentro de unos días irá Mariana a Zamora llamada por el señor obispo.
-Si, señor. Mire usted. Ya cuando era pequeñita y su madre salía de mañana, al regreso se la encontraba vestida y peinada y la pequeñuela decía que la había peinado una Señora.
-¿Frecuenta los Sacramentos?
-Se confiesa muy a menudo.
-¿Y las fiestas profanas la atraen?
-Casi nunca asiste a jolgorios de pueblo.
-¿Le gusta el baile?
-No señor. Me dice mi interlocutor como asombrado de mi pregunta.
- Desearía conocer la opinión del señor cura.
-¡Ah! pues no le vea usted. El señor cura es enemigo de todo esto...no cree... es muy republicano...
Y por no perder su confianza desistí de hacer esta visita, arrepentido tarde de mi indiscreción. En aquél campo no se oye una voz alta; sólo se percibe el silabeo de los que rezan y de los que hablan en tonos bajos. Junto al pozo a la intemperie se chapuzan unas mujeres con el agua santa, sin fijarse que dejan al aire sus pechos lacios que tantas veces recautó el pudor.
Por la pradera adelante camina la Santa, perdiéndose en la espesura, acompañada de una amiga, entrelazados sus brazos por la espalda...
Ya era tarde cuando trasponíamos el altozano de Picao desde donde volvimos las grupas para despedimos de aquel ambiente impregnado de cierto sadismo religioso; de aquellos matorrales que han visto nacer la leyenda en las alucinaciones de la vidente con amasijo, de supersticiones y fanatismos; y junto a los cuales quizás, ya seculares y copudos, narren la tradición a sus retoños, santeros y viejos rebuscadores de consejos. Nuestro regreso es más silencioso. ¿Sentiremos también nosotros el peso del ambiente? Al pasar por San Martinho nos alegran los acordes de una jota que exportan a la nación vecina los pueblos fronterizos. Pasan los caballos el río cuyas aguas rompen en mil gotas. Más allá, subiendo a pecho la pendiente, el color rojizo de una llama coronada de humo nos obliga a espolear los caballos. Arde la casa del monte donde nos esperan impacientes los amigos. La misma luz del fuego nos ayuda a extinguirlo. Entre olores de tomillo y de romero y a la luz de encendedores mecánicos comemos platos de dulce...
Un rayo de luna quebrado entre las jaras ilumina en el fondo del barranco el rojo escarlata de las adelfas.

José Cimas Leal. Alcañices junio 1912.
Heraldo de Zamora 08/06/1912

viernes, 2 de marzo de 2012

LA TIERRA SANTA

No sólo desde este rincón pobre y crédulo de Zamora, sino desde lugares más lejanos de Castilla y León se vieron pasar durante todos los días del año de 1912, larga procesión de hombres y mujeres, atraídos por las milagrosas curaciones que una niña de angelical hermosura y de inocente candor hace en un oscuro e ignorado pueblecito de la frontera, muy cerca de Alcañices.

En posadas y caminos, en las veladas ante el fuego de la cocina y en las tertulias, corre de boca en boca esta particular historia.

Un matrimonio ya de avanzada edad y residente en una humilde aldea cercana a Miranda de Douro, se vio un día sorprendido con una noticia extraordinaria. La mujer que contaba cincuenta y ocho años experimentaba los síntomas de un embarazo. Si esto le hubiera sucedido muchos años antes, con menos edad, nada hubiese tenido de extraño.
Convinieron los dos esposos en ofrecer a la Virgen el fruto que a su edad les sorprendía.
Nació una niña hermosa, y se crió con los padres, ayudando con los rebaños, con inocencia y sencillez, hasta que cierto día, mientras jugaba con las flores oyó una voz misteriosa y dulce...
La aparición solemne de la Virgen turbó su sosiego infantil, y le dijo :

Niña, no temas, has de decir a todo el mundo que me has visto; levanta el mantillo que ahí tienes en el prado, y brotará una fuente, y esa tierra que aquí he pisado curará todos los males. Haz lo que te mando. Y la Virgen desapareció.

Los enfermos dominados por su incurable mal, pronto se dirigieron a la aldea de Pova y descubrieron el poder curativo de la tierra santa, los diminutos granos de arena se convertían en cruces brillantes, corazones atravesados, caras de ángel, coronas de espinas y otras maneras en las que la fe elegía para representarse.

La niña no recibe ningún céntimo por sus revelaciones, sólo se consigue que admita alguna limosna, lo que quieran dar, y en muy pequeñas cantidades. Un acaudalado labrador que dejó en la casa de la Santa cinco duros, al volver a su casa curado, los encontró debajo de la almohada.

Achaque es este de la superstición y de la creencia de las curas sobrenaturales tan antiguo como el mundo. Fue el primer recurso de la ciencia de curar. Los progresos de la medicina después de tantos siglos, no han podido desterrar el achaque. Mientras en la medicina exista la palabra imposible, existirán curanderos, brujas, sanadores, niñas santas y objetos cuya adquisición resolverán el conflicto de devolver lo que mas se quiere cuando se ha perdido: la salud.

(Basado en el artículo de José Laín Figueroa, publicado en Heraldo de Zamora el 01/05/1912)

jueves, 1 de marzo de 2012

LA NIÑA DE POVA

Mucho antes de que la Virgen María se apareciera a tres niños pastores en la inmediaciones de Fátima en Portugal, María Dos Ramos Joao, una niña nacida en la aldea de Povoa, perteneciente al municipio de Miranda de Douro, población fronteriza con la provincia de Zamora, afirmaba haber presenciado una aparición de la Virgen.

De hecho, cuando la Virgen María se apareció en Fátima, María que fallecería en 1972, siempre afirmó que antes que en Fátima la Virgen estuvo en Miranda.

Como consecuencia de estas apariciones milagrosas, que se produjeron durante 16 años, entre los meses de abril y julio de 1912, la aldea se convirtió en lugar de culto y numerosos fieles, peregrinos, enfermos, etc...viajaron en gran numero hasta la aldea y contribuyeron a la construcción de una capilla, una casa de peregrinos, y un establo para los animales.

Heraldo de Zamora, 12/06/1912
No se conocen exactamente los motivos por los que el fenómeno fue diluyéndose, hasta el extremo de que las construcciones acabaran en ruinas, que hoy aun pueden visitarse, y las piedras trasladadas para la construcción de dos capillas en el santuario de Nossa Senhora do Naso, a unos tres kilómetros de distancia y donde hoy en día se celebra una romería anual.

En abril de 1912 el corresponsal de Moraleja del Vino de Heraldo de Zamora, informa de la continua peregrinación de personas lisiadas que abordo de carros pasan por dicha localidad en dirección a Portugal, donde dicen que una niña con la vista y un puñado de tierra cura todas las enfermedades. Solicita a las autoridades que tomen cartas en el asunto e impidan que en pleno siglo XX se explote la ignorancia de la gente.

Sin embargo, quien toma cartas en el asunto, es el propio diario, quien a partir de entonces mantendrá puntualmente informados a sus lectores e incluso enviará a sus afamados reporteros J. Puyitas y Un Cojo sin muleta a cubrir la noticia, en una cómica excursión a la que le dan una gran cobertura.

El Adelanto, 25/05/1912
Unos días mas tarde y con motivo de la romería de la Luz, se informa que son innumerables las personas que de Tábara, Andavías, Valcabado y otras localidades se dirigen a Pova, donde se encuentra la Santa.

Una enorme peregrinación se dirige a Pova. Por este motivo, el cinco de mayo, Ricardo Pintas, (hijo) ya publica en El Adelanto de Salamanca un anuncio publicitando el servicio a tierra santa y días mas tarde Ricardo Pintas, (Padre) lo hace en el Heraldo.

Durante todo el mes de mayo y junio, el Heraldo registra en sus páginas las caravanas que bien a pie o en carro se dirigen a Pova y regresan provistos de la salutífera agua y de la maravillosa tierra.

miércoles, 29 de febrero de 2012

UN BANQUETE

Imborrable, deliciosa, archimagnífica.
Con estos apelativos describe José Sánchez, El Timbalero, en El Adelanto de Salamanca, la segunda corrida de la ferias de San Pedro de 1912.

La soberbia estocada de Fuentes al quinto de la tarde con un toro admirable que a juicio del crítico salmantino está a la altura de los mejores toros por él vistos:

“El toro, derrochando bravura. Fuentes lo tomó con la muleta sereno, erguido, elegante, quieto, llevándose al toro entre los vuelos del engaño, cerca de la barrera, y sentándose el diestro en el estribo. Nueva faena, con pases naturales y de pecho, y aprovechando una igualada del bicho, arrancó desde muy cerca, derecho como una vela, corajudamente, para dejar en lo alto del morrillo una magna, SOBERBIA, COLOSAL estocada, hasta las cintas, saliendo el diestro por los costillares.
El toro, rápido, herido de muerte, cayó con las patas por alto, sin necesitar puntilla.”

La inenarrable faena de muleta de Gaona en su primer toro :

“¡Qué torero más enorme!
¡Qué arte, qué elegancia , qué maestría, qué serenidad y qué dominio absoluto de los toros y del buen toreo clásico y castizo, aderezado, además, con floreos admirables de su propia cosecha!
(...)
Hizo ayer Gaona una faena de muleta con un toro (el segundo de la tarde), que no fue todo lo noble, todo lo bravo y todo lo claro que se precisa para tales menesteres, sencillamente magnifica, MONUMENTAL, INENARRABLE.
(…)
Gaona le obsequió con unas verónicas y unas revoleras en unos quites dobles que hizo, admirables. Luego cogió los palos, y en la elegante preparación que hizo en el primer par... recordé que, siendo yo chiquitín, veía hacer aquellas mismas filigranas a un tal Guerrita.
(...)
Gaona llegó a la cara del bicho, cuadró, metió los brazos, el toro tiró el derrote, pasaron los pitones por la cintura del diestro, y el bravo indio salió limpio, dejando los palos en el mismo morrillo del toro...
¡Superiorísimo!
(…)
Y aquí entra lo bueno: coge la muleta, y aliñando al toro, haciéndole hasta bravo, mandando y castigando con el trapo de modo inconmensurable, hizo una faena entre los pitones inteligentísima, de artista puro, con unos cambios de muleta, de mano a mano, como no hay quien los haga, y poniendo cátedra en pases acabados, dibujados, de pecho, naturales, de molinete, de otros varios que él ha inventado, casi todos con la izquierda, y en dos palmos de terreno y solito, solito con el toro, sin gente en el ruedo.
El público, todo, en masa, gritaba,vociferaba hasta enronquecer, palmoteaba entusiasmado, y Gaona seguía imperturbable pasando al toro, haciendo prodigios.”

Después del intenso trabajo y como colofón a las fiestas, la redacción de la revista Caireles y Pitones, todos miembros de la redacción de Heraldo de Zamora, algunos amigos y aficionados y la familia Calamita se reunieron invitados por el propietario de la popular revista alrededor de una mesa y festejaron con un banquete el fin de las fiestas.


UN BANQUETE


Siguiendo la costumbre de años anteriores, la importante Empresa editora de Caireles y Pitones obsequió ayer con un espléndido banquete a los redactores y colaboradores de la popularísima revista que aparece en los felices días en que la afición zamorana puede, entusiasmada y gozosa, encaminar sus pasos hacia el hermoso circo taurino de la explanada del Matadero, para admirar las proezas de los más celebradísimos émulos de Cúchares y Pepe-Hillo, y ver qué se traen dentro los morlacos de acreditadas ganaderías.

En el delicioso jardín que en la calle de Monforte posee el propietario del Heraldo de Zamora, señor Calamita, y en derredor de una mesa caprichosa y elegantemente adornada por la servidumbre del café Español, tomaron cómodo asiento J. Puyitas, Un Cojo sin muleta, su indulgente biógrafo Alvarito Calvo, Abelardo de Barrio, Alejandrín M. Pita, y los buenos aficionados don Andrés Cotrina, Pepe y José Suárez Matilla; don Enrique (padre), Julio, Carlos y Enrique (hijo) Calamita.

El menú, obra maestra, como todas las suyas, del simpático Manolo Tola, excelente, superior, nutritivo y presentado de forma irreprochable: desde los tiernecillos pollos con tomate, al delicado crustáceo langostino en salsa a la vinagreta, hasta el alimenticio, aunque prosaico lechoncillo, todos, absolutamente todos los platos hicieron honor a la acreditada cocina del café Español.

Delicadísimos postres y muy variados, exquisitos helados, aromático café benedictino (legítimo de los papás), coñac y habanos pusieron digno remate a la suculenta comida, en la que, rompiendo con añejas y viciosas costumbres, no hubo brindis.

La fiesta, pues, resultó de primísimo cartello y todos cuantos a ella asistimos terminamos por hacer votos de que en la próxima temporada taurina el Comercio y la Industria zamoranos puedan resarcirse de las pérdidas que experimentaron durante las dos últimas corridas.

A la Empresa editorial de Caireles y Pitones enviamos la expresión de nuestro más profundo agradecimiento, la más entusiasta enhorabuena a Maolillo Tola, que así sabe cuidar los débiles estómagos de estos desdichados periodistas provincianos y un aplauso para los simpáticos camareros Ignacio y Pepe, que ayer justificaron una vez más su buen gusto para servir a satisfacción hasta al comensal más exigente.

Bien, muy bien, muchachos.

Heraldo de Zamora, 08/07/1912

martes, 28 de febrero de 2012

TODO PASÓ

Como la primera corrida de ferias, resultó sosa y aburrida, El Heraldo renuncia a su reseña para dejar espacio suficiente para el relato de lo acontecido en la segunda corrida, donde Fuentes y Gaona realizaron una gran faena.

El Heraldo elogia la labor de la Comisión y su incansable dedicación para abordar las dificultades surgidas por contingencias que no pueden preverse. Las sustituciones de Ricardo Torres, Bombita y de Castor Ibarra, Cocherito de Bilbao provocaron un aumento de los gastos, con la intención de mantener el cartel a la altura de lo que inicialmente se propusieron, lo que propició un desequilibrio presupuestario que finalmente han dado un resultado económico negativo. Reprocha al ayuntamiento su falta de colaboración escudados en la precaria situación de las arcas municipales.

A pesar de todo esto, El Heraldo afirma que dichas pérdidas tampoco tienen una gran trascendencia y que el Comercio no buscaba lucrarse a través de las corridas, sino el fomento de las ferias y que en Zamora hubiera atracciones y novedades suficientes con las que entretener y animar al forastero.

Todo pasó.

Pasaron ya las famosas corridas organizadas por el Consejo de Administración de la Sociedad de Festejos y de los grandes festivales que tantas pesetas han costado, y de las cuales no tenemos más recuerdo que la animación habida en Zamora durante los dos días de feria y las archisuperiores y monumentales faenas realizadas por el inconmensurable Antonio Fuentes y por el valiente y clásico diestro mejicano Rodolfo Gaona, toreros que confirmaron una vez más que cuando se aprietan los machos de la taleguilla no hay quien los aventaje en el arte de lidiar toros.

La primera corrida resultó sosa y aburrida, debido a las condiciones de los seis burós que envió don Felipe de Pablo Romero, escasos de bravura, desiguales y la mayoría faltos de poder por su poca edad.

De reunir el ganado mejores condiciones, Antonio Fuentes, Regaterín y Martín Vázquez, hubieran trabajado con más lucimiento y entusiasmo, pues hay que convenir, que los tres matadores venían con ganas de agradar y derrochar valentía ante la afición zamorana.

De la segunda corrida, llegará el año venidero y todavía se sentirán en el circo taurina el eco de aquellas grandes ovaciones que continuamente el pueblo soberano tributó a los castizos diestros Antonio Fuentes y Rodolfo Gaona.

Perdurará en la memoria de todo buen aficionado la elegante preparación de muleta que el mejicano realizó con su segundo de la tarde, aquella cátedra, porque cátedra puede llamarse a los inconmensurables pases que dio con una maestría inenarrable, de pitón a rabo, por lo alto, de molinete, de doble pecho, cambiando de mano la flámula, en fin, el desmigue y la descoyuntación.

Al revistero duélenle todavía las manos de tanto batir palmas al torero clásico, al maestro que saliéndose de lo vulgar de lo que en Tauromaquia nos cuenta Rafael Guerra, Guerrita, todo rutinario, ha inventado las vistosas reboleras, las admirables gaoneras y otras suertes que hacen volver loco de entusiasmo al espectador más indiferente.

Otro tanto hay que decir del gran anciano Antonio Fuentes, del maestro de los maestros, en su labor en el quinto toro de los lidiados, de aquel bicho que codicioso como ninguno, se crecía al castigo y levantaba en alto los caballos dejándolos caer con estrépito, como si con ello se vengase de la suerte que iba a correr.

La bravura de este saltillo fue aprovechada por el dueño de La Coronela para adornarle el morrillo con dos magníficos pares de rehiletes, de esos que hacen pupa y dan mucho nombre al torero que los coloca como los clavó Fuentes, llegando a la cara del morlaco, después de elegantísima preparación, con el aplomo y valentía que Antoñito necesita para mantener a indiscutible altura el glorioso pabellón de su fama.

Y siguió el maestro el camino emprendido, poniendo cátedra y quitando moños.

La faena ejecutada con la franela en los tercios del 1, no se puede narrar.

Hubo derroche de elegancia, de maestría, y cada pase que daba a la fiera producía ruidosas ovaciones, estallando la más estruendosa, cuando el diestro sevillano llevó a su enemigo hasta la barrera, y sentándose en el estribo le proporcionó un pase magistral, de esos que se aplauden.

Y llegó la hora suprema, el momento de la verdad, y Antoñito, después de brindar al público la muerte de su contrario se echó el pincho a la cara y entrando por derecho y saliendo por los costillares, logró un volapié que hizo innecesaria la puntilla y cuando el público, loco de entusiasmo, pedía para el diestro la oreja, Fuentes, con la sonrisa en los labios, contestó: «Así se matan los toros»; y comenzó la vuelta al ruedo recogiendo palmas y devolviendo objetos.

Continuó la corrida y el público abandonó la plaza, loco de entusiasmo, por toreros y toros, y pregonando a voz en grito que el espectáculo había dejado imperecedero recuerdo, pues el ganado cumplió en todos los tercios, haciendo honor a su divisa, y los diestros trabajaron incansablemente toda la tarde, lo mismo peones que maestros, en busca de la contrata del próximo año.

Y, hasta que para nada faltase, el popular zamorano Jerónimo López (a) Calores, que gratuitamente prestó sus hermosas mulas para el arrastre, tuvo el plausible acuerdo de engalanarlas con refinado gusto y forma caprichosa, cual nunca se presentaron en el redondel del circo taurino.
Bien merece unas palmadas el simpático Calores

Un Cojo sin muleta.
Heraldo de Zamora, 02/07/1912

lunes, 27 de febrero de 2012

SAN PEDRO 1912: LA SEGUNDA DE FERIA

Seis saltillos, para Antonio Fuentes y Rodolfo Gaona.

En nuestro circo taurino tuvo ayer lugar la segunda corrida de toros, y la entrada fue algo mayor que la del día anterior, especialmente en los tendidos de sombra que estaban totalmente ocupados.
En los palcos y tendidos el mujerío era despampanante y con sus bellezas y encantos daban vida y animación a la fiesta nacional.
Presidía el tercer teniente alcalde don Luis Prieto Vega y en el palco tomaron asiento los señores Moyano, Rodríguez Ramos y Ruiz.
A la hora anunciada, onduló el pañuelo blanco y en el ruedo aparecieron tres alguacilillos, montando preciosos corceles, que establecieron cátedra de equitación, si bien todas las monerías salieron un poco embrolladas.
A los acordes de un alegre pasodoble, tocado por la banda provincial, las cuadrillas capitaneadas por Antonio Fuentes y Rodolfo Gaona, hicieron el paseo en medio de nutridos aplausos del pueblo soberano y cuando los niños cambiaron la seda por el percal, se dio suelta al

PRIMERO

Vestía de negro, como sus restantes hermanos, y de los seis parecía el más joven.
Sale rematando en los chiqueros y sin que nadie le pare los pies, lo llama Fuentes y le da unas verónicas superiores que se aplauden. Toma la primera vara sin hacer nada de particular, y Gaona le ofrece una larga, pero el toro, como si estuviera asustado, no acude. Al segundo puyazo sale suelto y empieza echando la cara por el suelo, y si Dios no lo remedia, paréceme que el torete se declara buey. La tercera es un poquito mejor. El señor Gaona, que parece trae deseos de agradar, quiere volver a las monerías. Pero el astado no se fija. (Aplausos.) Empieza a haber en el ruedo un tanto de lío, entrando cuatro picadores al mismo tiempo y en una arrancada del bicho coge a dos varilargueros. Para arreglarlo, un peón deja la tela colgada y por fin toma la última, que la recibe en medio de las costillas. Quedan dos caballos muertos de susto.
El segundo tercio se compone de un par que no agarra, uno desigual, otro lo mismo, una pasada que, por tirarlas no prende y un palito bueno. El toro está sumamente parado.
Fuentes de salmón y oro, después de brindar, se dirige a la fiera y empieza con uno con la derecha feo, otro en redondo por bajo con la izquierda, bueno; sigue con un tanto de desconfianza y bailando, aguanta la primera colada y Gaona, muy oportuno, interviene (aplausos). Con el toro desigual arrea un pinchazo sin soltar, feo, otro mejor arriba y en una nueva colada no queda enganchado, gracias al capotillo de Rodolfo, que ha estado muy oportuno y bien colocado. Con el toro humillado entra bien, agarrando una casi entera que mata sin puntilla y que si realmente tuvo el defecto del vómito, era de buena procedencia (aplausos). El toro demostró una mansedumbre colosal.

SEGUNDO

Antes de salir el toro, un municipal recoge las picas, sin duda por haber cambiado los picadores las de reglamento; si así fue, el presidente debió imponerles una multa; por fin, dan suelta al bicho, que en cuanto aparece se ve tiene flojedad en las manos. Gaona empieza dando unas verónicas superiores de toda superioridad que se ovacionan. Puesto el bicho en suerte, acepta la primer vara recargando de verdad.
La segunda la toma sin codicia, la tercera es un picotazo infame, la cuarta y quinta son mejores, y el toro las toma con mas codicia, alternando los maestros en quites, sobresaliendo Gaona, que coloca la montera en el testuz.
(Aplausos).
Cambiado el tercio coge los palos Gaona, y después de juguetear un rato, prende uno de frente y llegando paso a paso, superior, otro mejor, y el tercero archisuperior. (Ovación).
Gaona, de café y oro, empieza su artística faena con uno alto con la izquierda, otro lo mismo, uno con la derecha, bueno; uno de pecho, superior otro cambiando de mano, bueno; uno de molinete vistosísimo y estalla una ovación; sigue solito y tranquilo con otros que le acreditan de inteligente, y entrando admirablemente da un pinchazo hondo, un poquito caído; nueva y si se quiere mejor faena, y entrando por segunda vez, aunque no tan bien como la primera, agarra media estocada un poquito desprendida que hace comer el polvo al bicho. (Ovación, oreja, sombreros y botas de vino.)
El toro, regular; el torero muy valiente e inteligente.

TERCERO

Un novillo insignificante y escobillado del izquierdo sale corretón y en la carrera le dan un refilonazo, Fuentes lo toma de capa muy bien y se le aplaude, toma tres puyazos uno de ellos en los mismos sótanos estando el torillo muy pegajoso pero sin poder.
Los chicos que se encargan del segundo tercio ponen un par caído, otro aguantando de verdad muy bueno, otro superior y medio más. (Aplausos).
Fuentes retira la gente y nos alegra la existencia con un pase ayudado por alto, otro alto con la izquierda, magnífico, uno de pecho superior y señala un pinchazo bueno; nueva faena y otra contraria caída, un pinchazo en hueso, bueno, (el toro está muy quedado) y por fin, entrando muy bien, coge una entera, buena, que mata. (Aplausos generales.)
El diestro ha estado muy valiente y cerca de los cuernos, y el toro ha sido un infeliz.
Para enganchar el toro a las mulillas salen sesenta hombres lo menos, y se me ocurre preguntar para que tanta gente.
Se riega la plaza mientras el público discute cual de los matadores es mejor. Hasta ahora los dos nos han gustado.

CUARTO

Sale corretónGaona, pero el morlaco dice que no, hasta que por fin acepta unas cuantas gaoneras con mucha sal y gracia que se aplauden; en la primera vara demuestra mucho poder y da una caída colosal, haciendo un quite superior Gaona; en la segunda se duerme en la suerte el bicho, hay un poco de lío y Fuentes para evitarlo corre al toro con mucha oportunidad; en la tercera se arranca desde largo y con poder dando otro tumbo a los de aúpa. Para poner la cuarta puya quieren hacerlo cuatro picadores al mismo tiempo y por fin no lo hace ninguno, el lío es colosal y los piqueros creyendo que se ha cambiado el tercio se retiran, pero el presidente ordena nuevamente la salida y vuelven a aparecer los de la lanza. Es el desorden más grande que he visto en los días de mi vida y por fin el toro toma otra vara más dando un tumbo de los de órdago.
Los de los garapullos ponen dos pares buenos de verdad y uno tirado.
Gaona hace una faena desconfiada, que si algo bueno tuvo fue porque la mayoría de ella la ejecutó con la izquierda. Señala un pinchazo que ni fu ni fa; otro un poco mejor, dejan un capote en la percha y lo quita un peón con la manita. Una estocada casi entera produce la muerte del cuarto de la tarde. (Silencio). El vómito de este toro es de verdad y venía de mala procedencia.
La faena del indiano fue sosa y sin nada de particular.

QUINTO

Más toro que sus difuntos hermanos. Sale paso a paso y se planta en los medios, sin duda para enterarse en lo que por el mundo ocurre. Fuentes empieza toreándolo por bajo, y si no tuvo nada de bonito lo que hizo, de inteligente tenía mucho.
La suerte de vara se compuso de siete puyazos, la mayoría de ellos de Farfán, arriba, demostrando el toro mucha bravura y poder.
Fuentes hizo un quite superior y los dos maestros aprovechando las condiciones de nobleza del animal, torearon al alimón y terminaron arrodillados ante él. (Ovación). El presidente estuvo algo tardío en el cambio de suerte.
A los acordes de la música coge Fuentes las banderillas y pone un par caidito por hacer un extraño el toro; otro de afuera a dentro como él sabe y cierra el tercio el peón de tanda con un par tirado.
Fuentes parece que va a brindar el toro al tendido número 3 y lo que hace fue dejar la montera en la barrera. Con tal motivo se le abuchea, y una vez enterado de que lo que tenia delante que era una perita en dulce de las que caen pocas al año, retira la gente y empieza una faena sumamente inteligente y de cerca, llevándose el toro hacia el estribo para pasarle en él; pero su compañero sin duda no sabia lo que aquel iba hacer, y creyendo que se entableraba le lleva el toro. El cojo ordena calma y por fin da el pase sentado; sigue metido entre los pitones toreando como le da la real gana, y en cuanto cuadra, desde muy cerca entra despacio y mete un volapié colosal, cruzando y saliendo admirablemente.
El toro muere instantáneamente y el espada recibe una ovación estruendosa con regalo del apéndice auricular, que regala al tendido número 6.
Lo mejor de la feria. El toro bravucón y noble y el espada valentísimo e inteligente.

SEXTO

Más chico que los arrastrados. Empieza a asustarse de los capotes; sin duda por estar mal de la vista. Un peón se mete donde no le llaman y Gaona quiere torear al buró que vuelve la cara.
Toma cinco varas matando tres caballos y proporciona algunas caídas fenomenales, una de ellas al descubierto, llevándose el toro Gaona y terminando el quite colocando la montera en el testuz. (Aplausos).
Gaona coge los palos y con música, deja medio par bueno, repitiendo con otro superior que no se aplaude lo debido y cierran el tercio los peones con uno magnífico y medio tirado.
El chico de las de Gaona brinda a los del 3 y hace una faena cerca y valiente señalando un pinchazo feo por la manera de entrar.
Continúa solito y vuelve a echarse fuera en el segundo pinchazo; otro entrando mejor aunque el toro está avisado y el espada que también desconfía arrea otro nuevo pinchazo y van cuatro; un intento de descabello, otro y al tercero atina. La cosa se hizo muy pesada.

RESUMEN

Los toros de Saltillo, bravucones, sobresaliendo el lidiado en quinto lugar, que fue un toro de buenísimas condiciones.
De los matadores, los dos estuvieron a gran altura y ambos vinieron con ganas de trabajar.
La presidencia, acertada y enérgica, no consintiendo que los picadores cometieran abusos con las puyas, como trataban de hacer.
La corrida, en general buena, y si todas resultasen como la de ayer, podía uno abonarse para ver toros.

Alejandro M. Pita.
Heraldo de Zamora, 01/07/1912